Fotografía: Duomarco, 1890
Fotografía: Duomarco, 1890

En 1888, con la inauguración del ramal Villalba-Segovia, el ferrocarril llega a Collado Mediano
(Fotografía: Duomarco, 1890)

Collado Mediano
Hombre y naturaleza a través del tiempo
Collado Mediano
Hombre y naturaleza
a través del tiempo

Carreteras y Caminos

En el siglo XVIII había un servicio de postas que iba desde Guadarrama por Collado Mediano, Becerril, Chozas de la Sierra (hoy Soto del Real), hasta Cabanillas de la Sierra, uniendo las carreteras que cruzaban la Sierra de Guadarrama por la Fuenfría y Somosierra.

La carretera de la Granja era usada por la gente para ir a Madrid. Las vías de comunicación habituales eran las cañadas que servían para trasladar el ganado de unos sitios a otros, tal como traerlo y llevarlo a las distintas ferias.

A los pueblos vecinos se podía ir por los caminos, todos de tierra, y en condiciones muy malas, sobre todo para pasar con carros en tiempo húmedo. El más frecuentado era el de Becerril y después el de Guadarrama. Hacia 1910 se hizo carretera empedrada el primero de ellos, y poco después, el otro. En el cruce de la carretera de Becerril con la del puerto de Navacerrada, existía una casa de postas que los abuelos conocieron ya sin caballos, solamente como posada. Debió ser un punto de cambio de tiros de la carretera entre Guadarrama y Cabanillas de la Sierra. Los cambios de caballos en la carretera de la Granja se hacían en Villalba y en el pueblo de Navacerrada, donde se ponían dobles tiros para cruzar el puerto.

 

El Telégrafo Óptico

Torre del TelégrafoEn el cerro del Telégrafo existe una torre medio destruida que formaba parte de un sistema de transmisión de mensajes mediante el telégrafo óptico. Este estaba formado por una serie de torres distanciadas 2,5 leguas entre sí (1 legua = 5,58 Kms). Las señales variaban según la posición que presentaba una pieza móvil con respecto a otra parte fija, lo cual era observado por el operario de la siguiente torre y reproducido de la misma forma. El mensaje se descifraba en el lugar de destino por medio de códigos establecidos. En cada torre solía haber dos o tres torreros, alguno de los cuales se mantenía permanentemente alerta. Vivían en condiciones muy precarias. La torre del telégrafo, de la que ha desaparecido el cuerpo de arriba con la parte móvil, pertenecía a la línea Madrid-Valladoliz-Burgos. Debió empezar a funcionar a comienzo de los años 1840 y seguramente cesó en 1852, año que entró en servicio el telégrafo eléctrico, que permitía la transmisión de día y de noche.

 

El Ferrocarril

El aprovechamiento de la energía del carbón mediante la máquina de vapor, había revolucionado la industria en Europa en los siglos XVIII y XIX. Así afectó también a los transportes que colaboraban a la expansión industrial. En nuestra región, para ayudar al hombre en sus trabajos, sólo era conocida la fuerza animal, hasta que en 1864 con la inauguración de la línea Madrid-Ávila, apareció la máquina que echaba humo. Esto significó un gran impulso para el comercio de los productos locales, especialmente piedra y leche, que se embarcaban en Villalba hacia Madrid.

Estación de RENFEUnas cuantas décadas después se construyó el ramal Villalba-Segovia de los Ferrocarriles del Norte, pasando por Collado Mediano. Su construcción fue un acontecimiento en la vida del pueblo durante varios años. Vinieron muchos obreros a trabajar el ferrocarril, en su mayoría asturianos, portugueses y extremeños. Entre los vecinos eran considerados como aventureros. Abundaban las anécdotas a propósito de las frecuentes peleas que se organizaban entre ellos. Los capataces de las obras iban armados y parece que trataban muy duramente a los obreros, conocidos en el pueblo como "carrilanos" por su relación con el carril del tren.

Con la inauguración de este ramal, en el año 1888, se abrió una vía de comunicación fácil por la que se iniciaría, poco después, un proceso que daría lugar, sesenta años más tarde, a la gran transformación de toda la Sierra: el turismo. Con el tren, Collado Mediano fue acercándose cada vez más a Madrid, hacia donde se llevaban los productos del pueblo: la leche, la carne y la piedra. Y al irse abandonando las actividades tradicionales, disminuyeron los intercambios con Ávila y Segovia que se han "alejado" paulatinamente.

Panorámica de la Sierra del Castillo